Delitos de Sangre

LO ESPERÓ EN TARGET… Y LO ATACÓ

Magaly Rivera Season 2

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Un almuerzo botado del refrigerador suena a problema menor… hasta que entiendes cómo una humillación pública puede quedarse viviendo en la cabeza de alguien. Hoy narramos el caso de Hernán Leiva, trabajador de Target en Falls Church, Virginia, y seguimos paso a paso la escalada que termina en un asesinato en el estacionamiento: el conflicto inicial, la queja a supervisores, la sensación de que “nadie hizo nada” y la progresión de microdecisiones que convierten el resentimiento en plan. 

Hablamos de acoso laboral y bullying entre adultos sin suavizar lo esencial: sentir dolor, rabia o vergüenza no otorga permiso para cruzar la línea. También miramos el lado que muchas empresas prefieren no ver: lo que pasa detrás del área de empleados, en turnos físicos y estresantes, donde la burla, los comentarios normalizados y la falta de intervención pueden crear un terreno peligroso. La investigación reconstruye la línea de tiempo con cámaras, compras dentro de la tienda y la confesión, y el caso llega a una declaración de culpabilidad por asesinato en primer grado con una sentencia que define el resto de una vida. 

Este relato deja aprendizajes directos sobre prevención de violencia en el trabajo: cómo responder a quejas, cuándo intervenir, por qué documentar importa y cómo una cultura de respeto protege a todos. Si te interesa el true crime con mirada humana, justicia y seguridad laboral, dale play, compártelo con alguien que lidera equipos y cuéntanos: ¿qué señales se suelen ignorar en tu trabajo? Suscríbete y deja una reseña para que más gente encuentre el canal.

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Cómo Se Acumula La Violencia

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A veces la gente cree que la violencia extrema ocurre de la nada, como si alguien simplemente se levantara un día, saliera de su casa y en cuestión de minutos tomara una decisión que cambia todo para siempre. Pero la realidad puede ser mucho más incómoda que eso, porque casi nunca es solo un momento, casi nunca es solo un evento y casi nunca es algo que aparece sin avisar. Casi siempre hay señales, casi siempre hay tensión acumulándose en silencio. Hay pequeñas cosas que se repiten, hay dinámicas que se vuelven rutina y comentarios que se normalizan. Hasta que un día, sin que nadie se lo espere realmente, todo eso que se va acumulando termina explotando de la peor manera posible. Este es el caso de Hernán Leiva. Hola mi gente, bienvenidos a su canal Delitos de Sangre. Yo soy Magaly, gracias por acompañarme hoy. Hoy les traigo un caso que viene desde el estado de Virginia, acá en los Estados Unidos, del año 2021. Hernán Leiva nació el 4 de marzo de 1963 en una zona rural del Salvador. Y desde joven se destacó por algo que lo definía por completo. Era un hombre trabajador de esos que no se quitan, de los que siempre están ahí para su gente. Para su familia, La familia no era uno más. Era una figura fuerte, presente, alguien en quien se podía confiar. Le encantaba compartir con los suyos, pasar tiempo con su familia, con sus amistades, reír, conversar, y si algo lo caracterizaba. era eso mismo, su sonrisa. Hernán era de esas personas que, aun con lo que hubiera vivido, siempre tenía una forma de hacerte sentir bien. Y tenía un sentido del humor especial, de esos que no se olvidan. En algún momento de su vida llegó a Estados Unidos buscando oportunidades, construyendo una vida desde cero. Aunque los detalles exactos de este proceso no se han hecho públicos. Para el año 2021, Hernán Leiva tenía 58 años, vivía en Falls Church, Virginia, y trabajaba como conserje en una tienda Target en Bailey's Crossroads. Un trabajo físico constante, muchas veces invisible para los demás, pero absolutamente necesario para que todo funcione como debe. Y no era solo un empleado más. Hernán era padre, era pareja, era familia, tenía hijos, Marlene y Jesse. tenía una compañera de vida llamada Esperanza, tenía hermanos, sobrinos, personas que lo conocían, personas que compartían con él, que lo esperaban, que contaban con su presencia, y que de un momento a otro tuvieron que enfrentarse a una pérdida completamente inesperada. Y tampoco era una persona completamente ajena al dolor. Hernán había perdido a sus padres, Pedro y Luisa, y también había perdido a su hijo Jason, lo que significa que ya había pasado por momentos difíciles en su vida. Ya sabía lo que era el duelo, ya sabía lo que era seguir adelante después de perder, y aún así seguía trabajando, cumpliendo, viviendo su rutina, hasta que un día no regresó. Todo empieza a cambiar el miércoles 14 de abril del año 2021. Un día que en apariencia no tenía nada fuera de lo normal, hasta que ocurre algo que visto desde afuera podría parecer insignificante, pero que para una de las personas involucradas terminó siendo la última gota que derramó el vaso. Ese día, Bazin Berge, de 22 años y compañero del trabajo de la tienda Target, llega a su trabajo donde se destacaba específicamente en el área de descarga y manejo de mercancía, lo que en retail se conoce como unloader. Bazin deja su comida, su almuerzo, en el refrigerador del área de empleados, algo común y corriente, algo que pasa todos los días en cualquier lugar de trabajo. Pero cuando Bazin regresa más tarde, su comida no está donde él la dejó. Y ahí es donde ocurre un intercambio que según la propia versión de Bazin, se le quedó grabado. Porque cuando él le pregunta a Hernán qué pasó con su comida, Hernán le responde que la botó. Y no solo eso, sino según Bazin, lo hace con una actitud desafiante, diciéndole algo en la línea de, sí, yo lo hice y qué vas a hacer al respecto. Mientras, según él, Bazin, Otros compañeros que estaban presentes se reían. Y ese momento, más que el que le haya botado la comida, fue lo que realmente impactó a Basel. Porque no se trató solo de perder su almuerzo. Fue el sentirse expuesto, sentirse humillado, el sentirse retado frente a otros compañeros. Y hay algo importante aquí. Porque a veces la gente subestima este tipo de situaciones. Las tratan como si fueran cosas pequeñas, como si fueran tonterías del trabajo, pero cuando una persona siente que la están ridiculizando, que la están empujando, que la están provocando y eso se repite y nadie interviene, nadie lo toma en serio, eso no desaparece, eso se queda.¿Cuántos no hemos estado en esa posición cuando a veces hay gente que se creen que lo saben todo o se creen que como tú eres más joven o más vieja, quieren humillarte en especial frente a otras personas? Quiero que me cuenten si han estado por esa situación Y al final les voy a contar la mía. Aquí yo creo que es justo detenernos por un momento y no para justificar ni para suavizar absolutamente nada, sino para entender. Porque detrás de ese momento, detrás de esa reacción, hay una persona. Y la pregunta es,¿quién realmente era Bazen Berge? Bazen Berge tenía 22 años al momento de este caso y era de origen etíope. Una raíz que forma parte de su historia, aunque los detalles completos de su infancia, su crianza o exactamente cómo fue su camino a los Estados Unidos no se han hecho públicos. Y eso pasa más de lo que pensamos, porque muchas veces cuando ocurre un caso así, la información que sale se enfoca en el momento, en la investigación, en lo que pasó, pero no necesariamente en la historia completa de la persona antes de ese punto. Lo que sí se sabe es el lugar en el que estaba. Un joven adulto viviendo en el área de Alexandria, Virginia, con un trabajo exigente en la parte más física de una tienda, en el descargo de manejo y mercancía, donde el cuerpo realmente no descansa y el ritmo no baja ahí. Y según lo que él mismo expresó más adelante, se veía como alguien disciplinado, alguien que seguía reglas, alguien que intentaba mantenerse al margen de los problemas. Pero incluso sin conocer todos los detalles de la historia, hay algo que sí se puede entender, que era alguien en proceso, alguien construyendo y alguien tratando de sostener una vida como muchos otros. Ahora, después de ese momento en el refrigerador, después de ese intercambio que según él lo dejó marcado, Basenberg no reaccionó de inmediato con violencia. Al contrario, ese mismo día decidió hacer lo que se supone que uno haga en un ambiente de trabajo. Él fue donde su supervisor le explicó lo que había pasado, pidió que revisara las cámaras y pidió que se investigara la situación. Y la respuesta que recibió fue que lo iban a ver, que iban a revisar, que era un proceso que tomaría tiempo. Incluso para manejar el momento, le compraron comida ese mismo día. Pero para él, eso no resolvía nada. Eso no era suficiente. Y no fue suficiente porque en su cabeza el problema ya no era material, sino moral. No era me quitaron la comida y me la repusieron, era más bien me humillaron, me desafiaron y la empresa reaccionó como si eso no importara de verdad, mi gente. Y esa distinción es clave. Porque una organización puede creer que resolvió algo cuando en realidad solamente tapó la superficie. Puede pensar que atendió una queja porque compensó la pérdida inmediata de Cuando la persona quejándose, lo que quería no era reemplazo, sino protección, reconocimiento, intervención clara, un mensaje que diga esto no se tolera aquí. Y yo no estoy diciendo que eso hubiese evitado el crimen de forma segura porque sería irresponsable afirmar algo así con certeza. Pero lo que sí estoy diciendo es que hay conflictos que si se toman a la ligera se pudren. Y cuando se pudren, a veces la gente más inmadura, más rígida, más resentida o emocionalmente más frágil empieza a interpretarlo todo como abandono. Y parece que eso fue exactamente lo que pasó dentro de él. Y ahí es donde entra el día siguiente. Porque el jueves, el día siguiente, al ver que la situación no se estaba resolviendo como él esperaba, volvió a hablar, volvió a buscar a sus supervisores, volvió a explicar que no quería problemas, que no quería pelear, que lo que quería era que la situación se manejara. Incluso dejó claro que si esa persona se le acercaba, él se iba a ir corriendo a buscar a un supervisor, que no iba a responder con violencia, que no quería pelear, que quería evitar el conflicto. Y nuevamente le dijeron que iban a intervenir, que lo iban a decir al otro empleado, o sea, a Hernán, que no interactuará con él. Y aparentemente ese día no pasó nada más, pero eso no significa que el problema se resolvió. Significa que se quedó ahí, sin cerrarse, sin manejarse del todo. Y cuando las cosas se quedan ahí, no desaparecen, mi gente, se acumulan. Y es en ese mismo punto cuando todo empieza a cambiar. Ese mismo jueves, al salir de su turno, Basen hizo algo que no se puede ignorar. Dentro de esa misma tienda Target, ese mismo lugar donde había tenido ese conflicto, fue y compró un martillo. Y no solo eso, porque también compró dos cuchillos. Y eso es importante porque ya no hablamos de una reacción en el momento, o sea, de algo que se salió de control en segundos. Estamos hablando de alguien que terminó su turno, caminó por los pasillos de la tienda, escogió esos artículos, pagó por ellos y se los llevó. Eso toma tiempo, eso toma intención, eso significa que la idea ya estaba ahí. Ya no era solo una molestia, ya no era solo incomodidad, era algo que se estaba formando. Porque comprar armas no es algo que se hace sin atravesar una serie de micro decisiones internas. Primero piensas, fantaseas, después consideras, justificas, después te acercas a la idea y finalmente la vuelves acción. Así que aunque él intentara describir lo que estaba sintiendo como una especie de daño psicológico irreversible, o como si su mente se hubiera roto de golpe, los hechos fríos muestran otra cosa también. Que hubo progresión, hubo pasos, hubo tiempo entre el conflicto y la violencia. Y en cada uno de esos pasos existió, aunque fuera por algunos segundos, la posibilidad de detenerse y no lo hizo. Y lo más fuerte, mi gente, es que obviamente tampoco se quedó ahí. El viernes 16 de abril del año 2021. A Bazen no le tocaba trabajar ese día, era su día libre. Y ese detalle, que puede parecer irrelevante al principio, en realidad es clave para entender lo que pasa después. Porque ese día, él no está distraído, no está ocupado, y no tiene otra cosa más que hacer que quedarse en su casa y pensar. Y cuando una persona está molesta, frustrada o herida, y se queda solo con eso durante horas y permite que esa situación se lo coma por dentro, sus pensamientos No dejan de ser los mismos y empieza a tomar otro rumbo. Según lo que el mismo Bazen describió más tarde, ese fue el día en que sintió que algo dentro de él cambió. como si su forma de pensar se hubiera alterado, como si ya no estuviera procesando las cosas de la misma manera, como si hubiera cruzado un punto interno del que ya no podía regresar. Pero más allá de cómo lo describa, sabemos que se quedó pensando en lo ocurrido, lo repitió mentalmente, lo reconstruyó. Y en lugar de soltarlo, de dejarlo ir, de olvidarse de eso, Lo intensificó hasta que la idea dejó de ser solo una emoción y la convirtió en una intención. Ese mismo día, Basen agarró el martillo, agarró el cuchillo... Y practicó, ensayó movimientos, ensayó cómo lo iba a hacer. Y después de ese viernes, después de ese día que ya no estaba distraído, en el que ya no estaba en el ruido del trabajo, en el que tuvo horas completas para quedarse con sus pensamientos y hasta ensayar lo que iba a hacer, llega la madrugada del sábado 17 de abril del año 2021. Y ya aquí nada es casual, porque mientras la mayoría de las personas estaban durmiendo o apenas comenzando su día, hay algo que ya está en movimiento, algo que no es visible para nadie más, pero que ya está decidido. El Target todavía no había abierto al público, el ambiente es distinto, más callado, más vacío. Ese tipo de silencio que solo existe en lugares que normalmente están llenos de gente, pero que a esa hora funcionan como casi otro mundo, uno donde solo los empleados que llegan temprano, donde todo es más mecánico, más rutinario. Y en ese espacio ya hay alguien esperando. Bazen llega al Target antes de su turno, eso como de las 3 de la mañana, 3, 3 y media de la mañana. Llega sin prisa y no llega con la mentalidad de trabajar, llega con otra intención. Bazen se dirige al área del estacionamiento de empleados, ese espacio que él conoce, que es parte de su rutina diaria, pero que en ese momento se convierte en algo completamente distinto. Se convierte en un punto de espera y se queda ahí esperando. Y mientras esperaba, el mundo seguía como siempre. La tienda era la misma, la madrugada era la misma, el lugar era el mismo. Lo único que había cambiado era su decisión. Y eso es importante porque esperar implica tiempo. Tiempo para pensar, tiempo para detenerse, tiempo para cambiar de decisión, pero él no se detiene. Se queda, observa. Y espera que llegue la persona que ha tenido en mente desde hace días. Y en algún momento lo ve. Hernán Leiva llega como cualquier otro día como lo había hecho tantas veces antes, entrando a su turno sin saber que alguien lo estaba esperando, lo estaba observando, sin saber que ese momento que era para él era rutina, para otra persona ya era el final de algo que llevaba días construyéndose. No hay discusión, no hay palabras, no hay ese tipo de confrontación que uno esperaría cuando hay un problema pendiente, ni hay una advertencia. Base se acerca a Hernán y lo ataca. Primero con el martillo, de forma directa, repetida, sin pausa. Luego cambia el cuchillo y continúa. Es un ataque rápido, violento, sin interrupción, sin ese momento donde la mente entra en razón y dice, detente. Según lo que él mismo describió después, que Hernán intentó reaccionar, intentó defenderse, incluso intentó pedir que se detuviera, pero no hubo respuesta, no hubo freno y en cuestión de minutos... todo se detiene. No porque alguien decidió parar, sino porque ya no había nada más que hacer. Y después de eso, Bazin simplemente se va, sale corriendo del estacionamiento, dejando atrás la escena, dejando atrás todo como si alejarse físicamente pudiera también alejarlo de lo que acababa de hacer. Y mientras corre, empieza a quitarse las ropas, se quita la camisa, se quitan los pantalones, dejándolos en el camino, en el pasto, en la calle, sin orden y sin indirección clara, como si su mente estuviera tratando de procesar algo que ya no tiene solución. Pero sigue moviéndose y pasa por un McDonald's, intenta decir que se quiere entregar, pero no ocurre en ese momento, él no se entrega. Continúa corriendo hasta llegar hasta un supermercado Giant y ahí finalmente se detiene. Habla con seguridad y ellos llaman a la policía. Cuando los oficiales llegan y comienzan a hablar con él, no hay negación, no hay intento de ocultar, no hay una versión alternativa. Desde el principio, Bazin admite lo que hizo, lo describe, y lo más fuerte de todo, no solo lo que cuenta, es cómo se describe a sí mismo. Habla de que en su mente algo cambió, como algo que ya no puede volver atrás, como si hubiera cruzado una línea interna. Se llama a sí mismo cruel, dice que lo que hizo no tiene justificación, dice que merece el castigo más severo, y en medio de todo eso, reconoce algo que no se puede ignorar, que lo que él le hizo a la víctima, no se compara con lo que él hizo después. Y eso es clave porque no estamos interpretándolo. No lo estamos asumiendo, él mismo lo dijo. Después de que Basenberg es detenido, la escena ya no era solo un lugar de trabajo porque se convierte en una escena criminal activa. Ahora entra el análisis, la reconstrucción, los detectives comienzan por lo básico. Pero lo básico aquí es clave. Asegurar el área, documentar la escena, fotografiar cada detalle. Porque todo lo que está ahí cuenta una historia. Victoria. la ubicación del cuerpo, las trayectorias, las marcas, los objetos presentes. Todo se documenta, todo se preserva. Y luego viene lo importante, la recolección de evidencia física, porque aquí no estamos hablando de una escena limpia. Estamos hablando de un ataque directo, cercano, con contacto. Y eso significa rastros biológicos, posibles huellas, patrones que ayudan a reconstruir lo que pasó. Además, los investigadores empiezan a buscar lo que no está en la escena, el arma, la ropa Los objetos que el agresor dejó en su huida. Y aquí es donde entra la segunda parte de la investigación. Porque no basta con saber qué ocurrió. Hay que entender cómo ocurrió. Y para eso se reconstruye la línea de tiempo. O sea, el miércoles, el incidente del almuerzo. El jueves, compra armas. El viernes se prepara y el sábado ejecuta su plan. Y cuando esa línea se establece, no hay espacio para dudas sobre espontaneidad. Eso se convierte en un caso de intención. También se revisaron las cámaras de seguridad, registros de compra dentro de la tienda, los movimientos del sospechoso antes y después, todo lo que permita conectar los puntos. Y hay otro elemento clave en esta investigación, es la confesión, porque desde el inicio él habló, él admitió, él describió, Y eso cambia completamente la dinámica del caso porque ya no se trata de probar si fue él. Se trata de entender el grado de responsabilidad y la intención detrás del acto. Ahora, durante la entrevista con la policía, Boston Bergen no intenta negar lo ocurrido. Como dije dos veces ya desde el principio, él admite lo Y no solo admite, él explica todo. Dice que fue durante alrededor de un año y medio que se había sentido hostigado verbalmente por Hernán, que Hernán lo insultaba, que lo humillaba, que hacía comentarios sobre él, que se burlaba, que los ridiculizaba delante de otros compañeros y que incluso utilizaba insultos raciales para referirse a él. También dijo que nunca hubo una agresión física y que él jamás respondió con violencia durante todos ese tiempo que todo eran palabras, pero que esas palabras con el tiempo le fueron afectando. Y aquí es donde la historia empieza a meterse en un terreno delicado, porque el bullying entre adultos existe, mi gente. El hostigamiento laboral existe. La humillación pública existe. Y muchas veces la gente lo vive en el trabajo sin siquiera saber cómo llamarlo, porque hay una tendencia bien fuerte a minimizarlo con frases como, ay, ignóralo, no le hagas caso. Así es él. Como si repetir una persona que trague y trague y trague le fueras dar una solución. Pero al mismo tiempo, el hecho de que alguien se sienta humillado o maltratado no le da derecho a convertirse en juez, jurado y verdugo de nadie. Una cosa puede ser cierta sin borrar la otra. Y si este caso sirve para algo, es precisamente para eso, para obligarnos a mirar las dos cosas a la vez. Ahora, con toda esa evidencia, el caso avanza. Y aquí es donde entra el sistema judicial. Eventualmente, Bosden-Berge se declara culpable de asesinato en primer grado. Durante el proceso, la fiscalía presenta el caso tal y como es. Una secuencia de decisiones, no un accidente, no un momento fuera de control, sino una cadena. Una acción tras otra que llevaron a este También se introducen sus propias palabras porque no solo confesó, sino también dijo que podría volver a hacer daño. Y eso en un tribunal, eso tiene mucho peso porque no solo es por lo que hizo, sino lo que representa para el futuro. El 30 de enero de 2024 llega el momento final. Posenberg regresa a la sala, no ya como acusado, sino como alguien a quien se le va a definir el resto de su vida. Y en esa sala no solo está él, está el peso de lo que pasó, está la familia, está el silencio que se siente distinto. El juez toma palabra y deja claro que esto no fue necesario, que fue un acto de violencia que nunca debió ocurrir, que hay una familia que quedó marcada para siempre. Y entonces dicta la sentencia, 100 años de prisión, 30 de esos años suspendidos, 70 años efectivos, y en ese momento todo se cierra legalmente, el caso termina y no hay forma de retroceder, no hay forma de cambiar lo que pasó, solo queda el resultado. Una vida perdida, otra completamente definida por una decisión. Ahora, todo esto ocurrió en una tienda Target. Un lugar que para cualquier cliente simplemente es eso, una tienda más. Una de esas que la gente entra con prisa. No sé quién entra con prisa a un Target porque eso uno entra y no sale. Compra lo que va a comprar sin pensar demasiado y se va. Y no piensa en lo que pasa detrás de las puertas que el público no cruza. Detrás en el almacén, detrás en el área de descanso, detrás de los pasillos de empleados donde se forman, dinámicas que casi nunca aparecen en titulares. pero que muchas veces son el verdadero terreno donde empiezan los problemas. Porque cuando uno escucha un crimen en Target, la mente de uno se va rápidamente al estacionamiento, a la escena, a la policía, a las sirenas, a lo que pasó después, a lo que se encontró después. Pero la realidad es que este caso no comenzó en el estacionamiento, no comenzó esa madrugada, ni comenzó ni apareció con un martillo ni con un cuchillo. Este caso comenzó mucho antes. Comenzó en la rutina, en la convivencia forzada, en ese tipo de ambiente laboral donde personas de edades, historias, temperamentos, distintas posiciones pasan horas y horas juntas, compartiendo en espacios pequeños, cansados, recibiendo y dando órdenes, estrés, jerarquías, frustraciones y silencios donde a veces una atención mal manejada No se queda en algo pasajero, sino que se va sedimentando poquito a poco hasta que se convierte en algo mucho más peligroso. Aquí hubo un ambiente, hubo una percepción de humillación, una queja que según el acusado no fue atendida como él esperaba. Y al final, cuando todo termina, cuando se cierra el caso, cuando se dicta la sentencia, cuando el sistema hace su parte, Lo que queda no es solo una discusión sobre quién tenía razón en un problema de trabajo. Lo que queda es una vida que no debió perderse, porque sí, las palabras pueden hacer daño, la humillación puede afectar. El bullying es real. Ser ignorado, sentirse solo, sentir que nadie te defiende, todo eso pesa, todo importa y todo debería tomarse en serio. Pero hay una línea y esa línea no se cruza. Porque nada, absolutamente nada justifica quitarle la vida a otra persona. Absolutamente nada. Y este caso lo deja claro de la forma más dura posible, porque incluso la persona que lo hizo lo reconoció. Lo que recibió Hernán no se compara con lo que hizo. Y ahí está la realidad. Y por eso escuchar importa, mi gente. Validar a los demás importa, importa intervenir, pero también controlar se importa, porque todos sentimos, todos pasamos por momentos difíciles, pero no todos cruzamos esa línea. Este caso debería ser un mensaje bien directo para los jefes que trabajan en empresas que suceden muchas cosas así. Pero este, mi gente, fue el caso de Hernán Leiva, que en paz descanse, estuve buscando un poco de información y pude leer en la página de Obituaries, en el obituario, muchos comentarios bien feos dirigidos hacia Hernán. Y yo quiero decir que las personas que dejan comentarios de ese tipo en una página que es para dejar mensajes a la familia, Hernán no está viendo esos mensajes, lo está viendo la familia. Y yo entiendo que lo que él hizo para mí no está bien, pero esa es la versión de Basel. Hernando está ahí para defenderse. Y a veces sabemos que hay gente que simplemente están bromeando y a veces no saben cuándo detenerse. Muchos de nosotros conocemos gente así. Y les cuento bien rapidito. En mi trabajo, yo llevo 23 años ya en emergencias médicas y 18 años de ese tiempo he sido paramédico. Hace como un año y medio atrás, una muchacha empezó a trabajar conmigo, jovencita, Y ella trataba de humillarme a mí. Normalmente lo hacía en los asilos cuando íbamos a recoger pacientes. Hasta que un día yo la puse en su sitio porque ya me harté, porque ya yo soy una mujer mayor, no quiero estar con drama, porque en realidad nunca he tenido drama en el trabajo hasta ese momento, después de tantos años. Y ella se fue a llorar, a querer hacerme a mí. Entonces vino mi jefe a hablar conmigo y me menciona y me dice, oh, ella se arrepiente mucho de lo que ha pasado. lo que hizo. Yo le dije, no, ella no se arrepiente de lo que hizo, ella se arrepiente porque yo la puse en su sitio y le voy a decir una cosa. Y en ese momento yo no sabía que será el jefe de nosotros, pero yo le dije, yo no voy a permitir que absolutamente nadie en este lugar me quiera humillar a mí. Yo llevo demasiados años haciendo esto, nunca he tenido ningún problema con nadie y nunca, no lo voy a permitir, simple y sencillamente yo no lo voy a permitir. Yo soy adulta, soy respetuosa, me llevo con todo el mundo y no voy a permitir que esto pase. Me moví de ese turno y ya. Mi gente, gracias por acompañarme. Yo casi nunca llego a compartir con ustedes. A ver si me animo o aprendo, mejor dicho, para hacer un live, para poder tener un poco de conversación fuera de la historia. Gracias por acompañarme. Los quiero mucho. Nos vemos en el próximo video. Delitos de sangre. Bye.

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